Fins aquí

Hasta aquí hemos llegado. Levántense y, de forma ordenada, abandonen sus asientos. El espectáculo no da para más. Creo que toca despejar el escenario y, con un gesto de humildad, apagar los focos que han alumbrado cada acontecimiento por doquier. Han sido suficientes las emociones en muy poco tiempo como para seguir alargando esta obra esperpéntica que ya ha hecho eco a nivel internacional. Primero fue la aprobación de una Ley ilegal, luego fue un referéndum de mentira en el que llovieron tortas que sí fueron reales, y, de postre, una declaración más cómica que delictiva a la que se respondió con la misma calidad política.

Me parece que ya hemos tenido suficiente, honorable president. Me parece que ya te has colmado de suficientes medallas cual héroe de Catalunya. Ya tienes lo que querías, una declaración de independencia sin riesgo de cárcel y una sociedad enfrentada que ha salido a la calle a pelear por lo que tú les has prometido. Exacto, ellos han salido a cumplir tu promesa, porque no has sido tú quien peleó por votar el 1 de octubre. Tampoco fuiste tú uno de los 800 heridos de los que te acordabas ayer en tu discurso. Me permito tutear puesto que, si bien jamás apoyé tu causa, al menos la respetaba, pero después de todo, por quedarme ya no me queda ni respeto; ni por el fin, ni por los medios. Me pregunto cómo hemos llegado hasta aquí. Llevo siguiendo la trama desde el primer día que tintineó la posibilidad de un pacto fiscal y aún no sé cómo hemos terminado tolerando una irrespetuosidad como la de posponer una hora una comparecencia tan crucial como la de ayer, manteniendo expectantes, no solo a siete millones y medio de catalanes, sino a una Nación entera, e incluso me atrevo a decir que a miles de ciudadanos de otras nacionalidades. Eres, posiblemente, tanto tú como tu equipo, una de las peores desgracias que ha sufrido Catalunya a lo largo de su historia. Porque te has reído de nosotros; de todos, de los que jamás apoyamos todo este tinglado como los que te han respaldado desde el primer día que, a día de hoy, siguen justificándote lo injustificable. Te digo, Carles, lo que ocurrió el 1-O fue tan culpa tuya como del Gobierno, así que te pido, por favor, que al menos tengas la mínima decencia de no limpiarte las manos cuando te refieras a lo que ocurrió esa fecha que, muchos de nosotros, jamás olvidaremos. La soberbia con la que recitabas ayer tu discurso era propia de alguien incapaz de dirigirse a la totalidad de un pueblo, al contrario de lo que predicas. Ni siquiera mantuviste la mirada al frente cuando declaraste por tan poco tiempo la República Independent de Catalunya, y en seguida la bajaste para proseguir anunciando su suspensión temporal. A quién pretendes engañar, president, tú no buscas diálogo, jamás lo hiciste, tú lo que buscas es blindarte de cualquier tipo de responsabilidad y salir impune de todo esto. Pero tengo que decir que eso ya da igual, ayer te retrataste como el político que has sido hasta hoy: auténtica ineptitud.

Y cuando digo que me parece que ya hemos tenido suficiente, me refiero que toca decirles basta a todos, puesto que la otra mitad que completa el detonante de todo lo ocurrido se le llama Gobierno de España. Más concretamente Partido Popular, y por ponerle un apellido, se le llama Rajoy. Porque habéis sido la gran decepción de Catalunya, especialmente de todos los catalanes que jamás se sintieron identificados con la independencia. Rajoy, has sido incapaz de admitir en seis años que en Catalunya se quiere una serie de cambios. “Son cuatro gatos, no es importante, ya se les pasará”. Y se les pasó, y tanto que se les pasó, Rajoy, gracias a ti. Pero no como tu creías, lo que se les pasó es por el forro toda Ley tras la que te has cobijado. Porque es más fácil no mojarse, ¿verdad? Preferiste quedarte sentado en el trono de hierro del Palacio de la Moncloa antes de coger un tren y presentarte en la Generalitat. Por lo menos nos ha quedado claro que lo que tu oyes son votos, no ciudadanos. Porque si los independentistas siempre se sintieron repudiados por tu gobierno, puedo decirte que una buena parte de los que no queremos esta secesión también. Toda esa minoría silenciosa, o, en palabras de Arrimadas, silenciada, esperaba que su gobierno hiciera algo. Y esperamos Diada tras Diada. Desde luego no esperábamos una sandez como la que se te ocurrió para el 1 de octubre, que sabemos que no fue mandato tuyo directo, sería absurdo, ¿cómo ibas a actuar tú frente a la cuestión catalana? Tu incapacidad política ya ha sido probada. Esperábamos diálogo, conciliación, entendimiento entre ambas partes, una solución en la que todos saliéramos ganando o, al menos, perdiéramos lo menos posible. Por emplear una palabra y que lo entiendas, nos has dejado “solos”. Solos, que no desamparados, pues esta sociedad catalana que tanto te gusta porque “hacemos cosas” ha sido lo suficientemente fuerte como para aguantar seis años sin ninguna fuerza política que fuera más allá de la oratoria. Porque decir lo que está bien o está mal, proclamar lo que ampara la Ley y lo que se sale de ésta, ya lo hace todo el mundo. Te olvidaste de lo más importante, ya que tu función es, o al menos era, asegurarse el cumplimiento de esta, siempre manteniendo un estado de “tranquilidad y sosiego” como el que mencionabas en tu discurso. Es difícil mostrarse partidario de una Catalunya dentro de España cuando el reflejo político de dicha ideología no ha sido más que pura incompetencia con la que te coronaste permitiendo que se hicieran las cosas como se hicieron el 1-O. Y ya para terminar decirte que nos da igual lo que quieras hacer, llámalo artículo 155 o proceso de mediación, por eso digo que no te necesitamos, desde luego nos hemos valido por nosotros mismos.

Sería injusto terminar sin decirlo todo, pues queda espacio para un breve agradecimiento. Algo que de no ser por vosotros quizá no nos habríamos dado cuenta. Y es que a pesar de haber roto y enfrentado la sociedad, vuestro pueblo, lejos de ser fútil como creéis, ha sido capaz de reforzar amistades y vínculos familiares impidiendo que el desastre que habéis desencadenado deje solo un ambiente árido. Somos mentes con ideas, pero ante todo somos humanos.

Hasta aquí. Levántense, abandonen sus asientos y cierren la puerta al salir.

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