Brindemos

Tras el fin de este más que ajetreado 2016 y el sobrehumano esfuerzo que ha supuesto amanecer ésta mañana para más de uno, volvemos a las trincheras de un nuevo año, etapa, capítulo o como quiera llamar cada uno a éste ligero cambio en la fecha. Como es costumbre, para algunos éste año ha sido “peor que el anterior”, huelgando que, posiblemente, doce meses atrás los males a los que se referían eran los mismos, mayores o incluso apostaría que para otros fueron más leves de lo que recuerdan. Sea como fuere, cada uno habrá homenajeado ésta clausura como buenamente haya podido, otorgándole el énfasis que para muchos le es propio o simplemente agradecidos por la oportunidad de pensar que ha iniciado una nueva etapa.

En vista a todo ello, propongo que brindemos.

Que brindemos juntos por la infinitud de alegrías; las sorpresas, logros y finales inesperados. Por cada noche que nos hemos acostado soñando un nuevo mañana. Por los segundos que se nos han hecho eternos y las eternidades breves. Por las cenas con los amigos y  las cervezas con la familia. Brindemos por la satisfacción que nos han regalado los pequeños placeres de este año; la puesta de Sol desde el vagón de un tren o los cigarrillos con uno mismo. Por las personas que hemos conocido y por las que vuelven a ser desconocidas. Brindemos por la muerte de Bowie, por la melodía que ha definido tu año o por los acordes que hayas descubierto. Que lo hagamos por todas esas circunstancias que nos han regalado más de una carcajada, incluso de alguna alegría a pesar de ser fruto del egoísmo.

Brindemos. Brindemos por todas las tristezas; los disgustos, las pérdidas y despedidas. Brindemos por las sensaciones de amargura y por las de odio. Por todas esas circunstancias en las que lo hemos dado todo y creemos no haber recibido nada. Por las ganas de tirarlo todo por la ventana y por las veces en las que te has planteado tirarte tú. También por los días en los que hemos decidido ser unos imbéciles por la satisfacción que, a veces, ello otorga. Brindemos por cada lágrima de dolor, y por las de impotencia. Por la presión en los puños que aguardan rabia y los gritos carentes de razones que los justifiquen. Por los dramones en los que nos inmiscuimos por el simple goce de dejarse hundir. Brindemos por todas las veces en las que la garganta escuece por contener las ganas de llorar y por las que has preferido desplomarte sin importar el dónde. Hagámoslo por cada vivencia que, en más de una ocasión, nos ha amargado la existencia durante este año.

Por todo ello y por mucho más, brindemos; porque ha sido cada uno de esos momentos los que han hecho de nosotros ese alguien que será capaz de afrontar, y sabe Dios a qué, lo que 2017 nos depara.

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