Hagan. Lo que sea, pero hagan.

Vuelven las elecciones. Qué novedad, ¿Verdad? Sí, el 26 de Junio vamos a tener que movilizarnos, otra vez, para ejercer nuestro bendito derecho sufragio  para ver si de una vez por todas hay algún tipo de posibilidad de volver a tener Gobierno.

Oh, Gobierno. Creo que a muchos se nos atasca la voz al pronunciar esta palabra. Seis meses han transcurrido desde la última vez que tuvimos uno de esos. Seis meses, con sus ciento ochenta días y todas sus tentativas de formar algún tipo de coalición imposible. Y digo coalición imposible porque daba igual el titular que protagonizaran los periódicos, fueran quienes fuesen los partidos que habían decidido pactar de algún modo, se veía venir una imposibilidad de acuerdo inmediata. Y así ocurría. De modo que posiblemente las redacciones, hartas de haber combinado ya todos los partidos, decidieron convertir dichas noticias en secundarias para dar paso a una cuestión tan escandalosa pero tan normalizada como es la malversación de fondos públicos. El panorama ha terminado siendo apoteósico. Tanto, que al final uno no sabía si indignarse o alegrarse por la cantidad de dinero embolsado por algunos de los protagonistas. Solo faltaba que se hicieran comparativas de quién se había llevado más, como si de una competición se tratara. Eso sí que habría dado juego: “Rita Barberá encabeza la lista con la posesión de X millones en tales Sociedades “Offshore” pero Soria se le adelanta doblando la cantidad”. Puede que así, entre que llevamos medio año [¿o cuatro?] sin Presidente y con unos Diputados que parecen cobrar a cambio de ridiculizarse mutuamente, pareciendo el Congreso un plató de Tele5, y los constantes casos de corrupción cada cual más extravagante, leer el periódico deje de alterarnos la sangre y podamos dejarle ese papel a la Primavera.

Pero no desesperemos, porque todos sabemos que después de unas elecciones en las que los resultados van a ser, muy posiblemente, similares a las anteriores, esta vez lograrán Gobierno. Y no solo eso, sino que será la coalición más predecible de todas, la que todos hemos intuido alguna vez. Tal vez con ello me equivoque, pero creo que eso es algo que ya no nos importa a ninguno, resignados a exigirles, ya no que hagan algo en concreto, sino que hagan algo. Hasta entonces permitamos, con la misma seriedad que ello otorga, que clausuren estos inútiles seis meses con un “y esto es todo, amigos”.