Los primeros pasos

“Cuando la lucha entre facciones es intensa, el político se interesa, no por todo el pueblo, sino por el sector a que él le pertenece. Los demás son, a su juicio, extranjeros, enemigos, incluso piratas.” Thomas Macaulay.

Escribir sobre que estas elecciones han sido distintas, y no sólo eso, sino que han marcado un antes y un después en muchas ciudades, algunas de las más influyentes de nuestro país, sería redundante. Los resultados de este sorprendente e incluso conmovedor 24 de Mayo, siguen y seguirán siendo noticia durante mucho tiempo, y puede que hasta las próximas elecciones. Desde Manuela Carmena en la capital, pasando por una Ada Colau en Barcelona, e incluso en un pequeño pueblo de Valladolid, Villán de Tordesillas, dónde la Falange ha cobrado protagonismo.

La cuestión es muy clara, aquellos que se manifestaron el 15-M por las calles de Madrid decidieron abandonar ese papel de indignados y formaron su propio partido político, porque por poder, pueden. El resto del pueblo por su parte, tomó dos posturas distintas; los que estaban hartos que la roja rosa y de la gaviota azul estuvieran siempre encabezando la política española, y los que apoyaron esa iniciativa popular de los de Podéis, tal y como Arcadi Espada acuñó el concepto.

De los primeros, una notable cantidad decidieron ausentar su voto ante la frustración de las opciones que se le planteaban. Sin embargo, los segundos activamente participaron en las elecciones pronunciándose a favor de esta nueva coalición en la que se sentían plenamente identificados, porque, al fin y al cabo, no hay nada que una más a las personas que el odio y desesperación a alguien o algo. Las elecciones fueron tan democráticas como debían serlo, sin embargo, fue este periodo postelectoral en el que, y ya desde un punto de vista más personal, la democracia se nos ha ido un poco por los poros. A grandes rasgos, gobierna el más votado, el que más gente ha escogido como candidato más “idóneo” por la razón que sea, al menos dentro de la población votante. Está establecida una mayoría reglamentaria para votar, como es lógico, que ya que se trata de la democracia de las mayorías, que al menos sea la absoluta.Politico-meeting_ECDIMA20150508_0008_19

El problema surge cuando en esa coalición de partidos no está presente, ya no el partido electo, sino ninguno de los miembros de éste. De modo que un conjunto de partidos de la “oposición”, junto con otros partidos que posiblemente días antes se hubieran “tirado piedras”, mediante la suma de votos se sitúan en el poder. No niego la importante presencia de pluralismo político incluso cuando el partido que ha ganado no tiene nada que ver, cierto es que la diferencia complementa los distintos puntos de vista, y más cuando el objetivo de sus trabajos es, o debería ser, por y para el pueblo.

Pero, simplificando conceptos, ¿no debería apoyarse ese partido que con mayoría ha sido escogido? Al margen de las derechas y de las izquierdas, de los de arriba o de los de abajo, esta “lucha” que durante el tiempo previo a las elecciones parecía estar centrada en quién quería gobernar al pueblo ha terminado por convertirse en una “pelea de gallos” por quién alcanzaba el poder. Puede que las rígidas palabras de Thomas Macaulay no se alejen tanto de la realidad, sólo que en vez de centrarse en el sector que les pertenece, se han centrado un poco en ellos mismos.

españa11

Y después de esa reflexión, que, a quién pretendo engañar, puede que sea un tanto trágica, veremos qué ocurre con estas primeras decisiones que se han ido tomando que, con un poco de suerte, las cosas cambiarán, o, al menos, ya han empezado a hacerlo.