El último mono

Estamos en crisis, y ya es hora de moverse. No hablo de una crisis económica, sería absurdo,  ni tampoco de algo tan trascendental como la crisis de valores en referencia a lo más profundo de la ética. Somos una sociedad en crisis y como no empecemos a espabilar la recuperación va a llevarnos demasiado tiempo. Podría decir que somos una sociedad pesimista, desalentada y hundida. Pero no, lo que quiero decir es que nos hemos convertido en unos pusilánimes. Para que se me entienda, somos todos unos blandengues.

victimismo

Somos una sociedad que se ha terminado creyendo su propia mentira; hemos caído en la atractiva trampa del victimismo. Ahora todo el mundo es el afectado y nadie es el culpable. Nos pasamos el día acusando a terceros de lo que ocurre, pero no se nos pasa por la cabeza que quizá buena parte de la culpa sea nuestra. Invertimos la mayor parte de nuestro tiempo despotricando y perdiendo los nervios por todo lo que hacen “los de ahí arriba”, pero que yo sepa, y espero que todo el mundo esté de acuerdo, nuestro día a día no gira ni mucho menos alrededor de la política.

Nos pasamos el día quejándonos de que se han perdido los modales del día a día, pero luego somos incapaces de dejar pasar antes de entrar o de ceder el sitio en el metro a una persona mayor. Nos hemos olvidado de dar los buenos días a aquellas personas que nos cruzamos cada mañana y de dar las buenas noches cuando nos vamos a casa. Ahora todo lo que hacemos está bien a menos que lo haga otra persona. Hemos arrinconado el “disculpe, perdone, gracias”.

cree-usted-que-existe-una-creciente-tendencia-hacia-el-individualismo

Somos incapaces de pensar que quizá lo que hacemos pueda afectar a otras personas porque “es mi vida, y si a ti te fastidia a mi eso no me incumbe. El problema es tuyo”. Exigimos a nuestros representantes políticos que dejen de velar por sus intereses personales y empiecen a pensar en los intereses generales, pero cuando vamos a comer fuera no servimos el agua a la persona que tenemos enfrente y nos servimos a nosotros primero.

Nos encanta hablar de amistad pero luego descuidamos a nuestros más fieles amigos. Ya no nos interesa qué tal le va el trabajo, los estudios o con la novia. Ya no llamamos de vez en cuando para mantener una conversación con aquellas personas que cuando lo necesitas están ahí, sin embargo intercambiamos un par de Whatsapps y “sí, de vez en cuando hablo con él/ella”.

Nos gusta dar lecciones sobre la vida y lo que no sabemos es que aún no hemos aprendido a vivirla. Hablo de lecciones como las que damos a los que tenemos a nuestro alrededor cuando insistimos en “erguir la cabeza y mirar para adelante” pero el mínimo obstáculo que se interpone en nuestro camino logra encerrarnos en nosotros mismos. Y ahí es cuando expresamos nuestro máximo punto de debilidad, que te den la lección que tu un día diste. “Pero es que mi caso es distinto, lo mío es peor”. Yo, mi, me, conmigo. Y a los demás, que les zurzan.

vintage-selfish

Nos hemos olvidado de plantearnos de vez en cuando que quizá, a veces, nosotros somos el problema. No se nos ha ocurrido que probablemente la culpa no sea del vecino, del perro, del gato, de la abuela o del bombero. Alguien un día dijo que si queremos cambiar el mundo “primero debemos cambiar tú y yo”.

Porque al final la comodidad del quejarse es como cuando un profesor hace una pregunta dirigida a alguien, y éste alguien mira al de atrás, y el de atrás al de detrás suyo, y así sucesivamente. Puede que haya llegado la hora de ser el último mono de la clase que asienta la cabeza sobre los hombros y decide mirar fijamente al reto que se le plantea. Ya tenemos a nuestros abuelos para recordarnos que la juventud ya no es lo que era y toca afrontar que posiblemente el problema es que somos víctimas de nosotros mismos, ¿y qué mejor reto que ganar nuestra propia batalla?

27d1734

Anuncios