Hay mucho más detrás

Anteayer vi un vídeo en el que una chica joven, y es necesario precisar que era de físico corpulento, contaba cómo había vivido y “superado” una primera etapa de su adolescencia el hecho de no tener un cuerpo cómo lo que se ha establecido hoy en día como canon de belleza. He escrito entre comillas la palabra superado porque eso es algo que no se debería superar, pues el hecho de mencionarlo hace que establezcamos que se trata de algo poco corriente y que se debería mejorar en ello, y esa actitud debería dejar de existir.

Cada vez más se habla de la necesidad de romper esquemas y prototipos sobre el modelo que deben seguir las mujeres, y hombres, por supuesto, que anhelan un cuerpo deseable a los ojos de la sociedad. Sin embargo, hablar de ello en exceso me parece que es lo que induce a pensar que hay una distinción de patrones, unos que son los que se conciben como modelos a seguir, y los otros los que deberían alcanzar los primeros. Con eso no estoy diciendo que esté en desacuerdo con la cantidad indecente de vídeos o artículos que he llegado a ver o leer, bien estoy escribiendo yo sobre ello y podría entenderse un tipo de incoherencia, pero era la única forma en la que podía introducirme en éste terreno.

El caso es que la chica en cuestión, muy bella, por cierto, no sólo hablaba de el hecho de no tener una cintura de alguien raquítico, hecho que me emocionó ya que cuando hablamos de dejar de seguir prototipos de belleza inalcanzables (muy demostrado está ya la informática empleada para conseguir las imágenes que luego se divulgan), también debemos incluir a esas chicas “excesivamente” delgadas, sin curvas o sin cualquier otra característica absolutamente exenta de importancia que a veces se nos olvidan. Pero lo que se debería destacar sobre lo que hablaba es, entre otras cosas, de la importancia que tiene el no preguntarse jamás el “porqué debería yo gustarle a esa persona, si él/ella es mucho más guapo/a que yo”.

No quisiera quitarle seriedad a los graves problemas originados por el anhelo de las adolescentes de lograr tener un cuerpo como los que ven de sus ídolos al que hoy en día nos enfrentamos, ya que cada vez es más frecuente y debe tomarse en consideración. No obstante, hay otros matices causados por ésta tendencia a tratar de lograr algo que es imposible de obtener, y estos son la falta de confianza en uno mismo, el no saber apreciar cómo se es, no saber mantener una postura de indiferencia por ser distinto a los demás, ya que lo que enriquece a cada persona es lo que constituye su ser. Afortunadamente se empieza a valorar cada vez más ese precioso tesoro que los hay que mantienen como su bien más preciado y otras personas a veces lo descuidan; la personalidad. Cierto es que a medida que uno se hace mayor, más importancia le da él mismo y los demás a la personalidad, los fundamentos en los que se basa lo que hace de esa persona alguien único y especial. El físico de una persona es algo material, algo que varía con el tiempo, que con los años se degrada. El problema se halla cuando alguien basa su persona en su físico, lo que hace que el aspecto externo que tiene sea proporcional a la confianza en sí mismo, y eso es lo que hace tener ese complejo de inferioridad. Nunca se tiene suficiente, siempre se puede ser más alta, más delgada, de ojos más claros o más oscuros, más rubia o más morena, y por mucho que en ciertos momentos se alcance el físico que se quiere siempre veremos a alguien que lo es másPor consiguiente, cuando conocemos a alguien que auténticamente valora cómo somos siempre tendremos esa duda del qué ha visto esa persona en mí. Y, ya basándome en el vídeo que del que he partido, es el mayor error que podemos cometer. Si hay algo que hace bella a una persona es la confianza en sí misma.

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Los cánones de belleza varían con el tiempo, basta con ver la evolución de las musas en las más valoradas obras de arte a lo largo de los siglos, el cambio es claramente visible, y nunca se ciñen a un modelo estándar. La personalidad, en cambio, es algo exclusivo de cada uno, no se van a repetir personalidades por más que se asemejen o bien se trate de seguir la de otra persona. Podrás tratar de ser como alguien tanto como se quiera y nunca podrás ser igual o mejor que esa persona, lo mismo ocurre cuando eres la mejor versión de ti mismo, no hay nadie más idóneo que podrá serlo. Deberíamos empezar a apreciar y darle importancia a quienes somos y no qué somos, porque si no empezamos por valorarnos a nosotros mismos, ¿quién lo hará?

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La libertad

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.”

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#CharlieHebdo

Son inimaginables los límites que el ser humano puede alcanzar a causa de la idolatría ciega. A veces cuesta de creer, hay gente que vive postrada ante una cantidad de dioses que cree hacerle feliz cuando en realidad son el fruto de su esclavitud. El dinero, la avaricia, el sexo, y en muchos casos, la mala interpretación de la religión

Por definición la religión es algo superior al ser humano, es un ámbito trascendental, algo impropio del mundo terrenal en el que en el mayor de los casos hallamos el sentido de nuestra vida, o esa es la idea. A día de hoy las personas han encontrado religión a dioses distintos, como los que he citado anteriormente, y no sólo han basado sus creencias en la existencia de un Ser superior, creador, omnipotente y omnisciente. Siempre se ha dicho que el exceso nunca puede ser bueno, bien se cita frecuentemente que “lo bueno, breve, dos veces bueno”, y por mucho que se trate de “religión”, o como ellos quieran llamarle, jamás se adaptará a que el fin justifique los medios.

Eso es todo lo que me ha venido a la mente en el momento en el que se ha publicado la primera noticia sobre lo sucedido hoy en París, en la redacción del semanal Charlie Hebdo. Una vez más los Yihadistas han actuado ciegamente a lo que supuestamente su religión les manda hacer, y eso es defenderla pese a que eso conlleve cobrarse vidas. Doce vidas se han llevado hoy, doce vidas de doce personas de doce familias distintas, algunas, posiblemente, con esposas e hijos. Cuando algo que se supone que debería hacer un bien en el ser humano conlleva a realizar las atrocidades que se han cometido hoy, es harto claro que las cosas no se están haciendo bien. La Yihad es quizá uno de los peores problemas a los que nos estamos enfrentando actualmente, y por si no fuera suficiente lo que sufren los ciudadanos de oriente, aniquilan a su paso todo aquello que les parezca ser una amenaza independientemente de dónde se halle. Otro ejemplo más de la crueldad del hombre cuando pierde el norte, y, sin duda, eso es injustificable. Pero no por eso deberíamos condenar todas las religiones, no por eso todos los seguidores del Islam son unos terroristas sanguinarios y peligrosos a los que hay que apaciguar de algún modo, hasta erradicar con ésta corriente. Tengo la suerte de conocer a miembros seguidores de esta religión que cabizbajos se cuestionan sobre cómo es posible que miembros de su país sean capaces de hacer lo que hacen. Está claro que es el extremismo de ésta religión lo que se debe suprimir o, al menos, paliarlo.

#JeSuisCharlieHebdo y todo lo que deba hacer o decir por demostrar mi apoyo máximo a todos los afectados y compartir mi aflicción por todas las brutalidades que se están llevando a cabo por parte de los mismos autores, una y otra vez. Son inimaginables los límites que el ser humano puede alcanzar a causa de la idolatría ciega, y está en nuestras manos evitar conocerlos.