Oh, blanca Navidad

El sol se apaga y mil y una luces de colores iluminan la ciudad. Las temperaturas han bajado en picado y quitamos el polvo a los abrigos y bufandas que llevaban descansando en nuestros armarios un año entero. Al fin podemos ponernos ese gorro que tanto nos favorece y esos guantes que nos dan ese toque más glamouroso. Estábamos esperando ansiosos que llegara la “época de la felicidad”, decidimos catalogar de agua pasada éste año que ha transcurrido, que para muchos de nosotros ha sido considerablemente espeso y algo duro, ahora tocan un par de semanas en las que dejamos que la alegría y el buen humor nos invadan, permitiendo que los demás se embadurnen de la misma actitud. “Vuelve a casa por Navidad”. Aquellos que se encuentran lejos de sus familias vuelven con las maletas cargadas de regalos que irán dando de forma progresiva a sus seres queridos, otros, quizá, se quedarán allí dónde están por motivos diversos, y celebrarán las fiestas con aquellos que tengan próximos y consideren familia, porque al fin y al cabo, por Navidad, todos somos parientes.

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Cada Navidad es distinta, por mucho que cuando hablemos de las ganas que tenemos de que llegue describiendo el panorama de nuestras casas; con la presencia de la abuela, los tíos, los primos, y las mesas a rebosar de polvorones y turrones (que llevaban en los supermercados desde hacía ya un par de meses) y ese tío abuelo tuyo que sólo ves por Nochebuena que te obliga a meterte un polvorón en la boca y decir “Pamplona”, nunca se repite el modo en el que celebramos las fiestas. Cada año es distinto, a veces nos parecerá que es mejor o peor, pero pocas  veces el recuerdo de la Navidad pasada nos parece algo turbio, y en caso de ser así, siempre hubo alguna fecha que consigue arrancarnos una sonrisa; quizá un regalo inesperado la mañana del 6 de enero, quizá una tarde en familia el 25 de Diciembre, o quizá una simple visita de alguien a quien apreciamos.

Hemos convertido la Navidad en nuestra oportunidad de ser felices, hasta los que dicen aborrecer la Navidad son felices durante esas fechas, el simple hecho de criticarla, o de poder tener familia a su alrededor que le escuche criticándola, les hace felices. Cuando éramos niños los días de alegría se iniciaban con la primera revista de regalos para escribir la carta a los Reyes Magos, de adolescentes lo que nos emocionaba era saber que esas fechas todos los familiares (en especial los abuelos) se volvían generosos y la paga recibida sería el inicio de una vida de ahorro (que al final financiaba la fiesta de Nochevieja y nos repetíamos la frase cada año), y ya de mayores, reunirse con toda la familia era el mejor regalo que podemos recibir. ¿Por qué no convertimos nuestra vida en una Navidad perpetua? Un 1 de Enero constante, como si cada día tuviéramos la oportunidad de cumplir nuestros propósitos, como si nos quedara aún todo el año por delante. Contemplar cada noche las maravillas de una ciudad que siempre está iluminada de un modo u otro, reunirnos frecuentemente con aquellas personas que nos damos cuenta que realmente queremos cuando nos juntamos estos días festivos, puede que así, comencemos a valorar lo que realmente tenemos y no le demos crédito sólo una vez al año.

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