“Mas, cap a casa”

9 de Noviembre de 2014. Una fría mañana de otoño miles de catalanes que decidieron ajustar sus despertadores el día anterior a una hora que, por ser domingo, son merecedores del reconocimiento a la fuerza de voluntad por madrugar, se disponen a salir de sus casas con la papeleta en mano, imprimida y marcada desde hacía una semana. Largas colas enfrente de distintos colegios y espacios dónde los voluntarios del acontecimiento decidieron situar las urnas de cartón son y serán portada de casi todos los periódicos del país. Los titulares rezarán distintas palabras conforme a la ideología de cada uno de los medios de comunicación. Por un lado alegrías, emociones y llantos de ilusión por tratarse de un evento que hacía años que se estaba esperando (¿o no?), y por otro lado, títulos irónicos y/o poco serios que se limitarán describir el panorama en las ciudades de Girona, Barcelona, Tarragona y Lleida con aire absolutamente desinteresado y poco flamante.

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Y mientras el día transcurre minuto tras minuto, un asustado Rajoy permanece sentado en su despacho a la espera de noticias que le puedan parecer relevantes, pendiente de cada última hora, a la vez que un orgulloso Mas contempla su éxito como President, escuchando “la voluntat del poble” y cumpliendo ese derecho a decidir tan leído y tan oído estos últimos años de su legislatura. Eso sí, siempre con esa laguna, ese espacio oscuro en el que nadie se atreve a indagar por miedo a lo que pueda encontrar, generado por la duda de qué es exactamente ese referéndum (lanzándome a llamarlo así), qué tipo de repercusión tiene en realidad y cuál es el objetivo.

Si remontáramos al inicio de todo, ese 11 de Septiembre de 2012 en el que la Diada de Catalunya de modo alguno pasó a convertirse en el día oficial de reclamo de la independencia catalana, entenderíamos que esta fecha, escogida posteriormente, será el día en que los catalanes votarían por la Independencia, o bien se decidirían por la unidad española. Pero a estas alturas, en vista de los distintos acontecimientos en los que el Gobierno central por fin se decidió a intervenir e incluso el Tribunal Constitucional tomó la palabra, la convocatoria de un referéndum que sería ilegal podría tener devastadoras consecuencias. Con lo cual, el “honorisimo” señor Artur Mas empezó a temblar, y dándole una vuelta a las palabras, prefirió no retirar esa promesa del 9 de noviembre, manteniendo el continente y cambiando el contenido.

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Pero la pregunta que deberíamos plantearnos va más allá de lo que ha supuesto este periodo previo y el mismo 9 de Noviembre, y ésta es, ¿Y ahora qué? Sí, los resultados están ya documentados, un 80% de los votos indican que los catalanes sí quieren la independencia, un 80% de los 2 millones de votantes que había, teniendo en cuenta que en Cataluña la población es de unos 7 millones, con lo que supondría tan sólo un 32% de la población votante. Eso sí, Mas, con tono engreído, formulará su discurso pos-electoral afirmando que los catalanes quieren auto-gobernarse, sin percatarse siquiera de que los millones “restantes” de catalanes que no comparten sus palabras (y no por ello menos catalanes) lo único que desean es un fin a toda esta historia que se ha alargado más de la cuenta, un anhelo de paz y tranquilidad plasmado en la abstención de voto el día “más esperado”, y mientras expirarán fatigados: “Cap a casa, Mas, cap a casa…”

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