Hagan. Lo que sea, pero hagan.

Vuelven las elecciones. Qué novedad, ¿Verdad? Sí, el 26 de Junio vamos a tener que movilizarnos, otra vez, para ejercer nuestro bendito derecho sufragio  para ver si de una vez por todas hay algún tipo de posibilidad de volver a tener Gobierno.

Oh, Gobierno. Creo que a muchos se nos atasca la voz al pronunciar esta palabra. Seis meses han transcurrido desde la última vez que tuvimos uno de esos. Seis meses, con sus ciento ochenta días y todas sus tentativas de formar algún tipo de coalición imposible. Y digo coalición imposible porque daba igual el titular que protagonizaran los periódicos, fueran quienes fuesen los partidos que habían decidido pactar de algún modo, se veía venir una imposibilidad de acuerdo inmediata. Y así ocurría. De modo que posiblemente las redacciones, hartas de haber combinado ya todos los partidos, decidieron convertir dichas noticias en secundarias para dar paso a una cuestión tan escandalosa pero tan normalizada como es la malversación de fondos públicos. El panorama ha terminado siendo apoteósico. Tanto, que al final uno no sabía si indignarse o alegrarse por la cantidad de dinero embolsado por algunos de los protagonistas. Solo faltaba que se hicieran comparativas de quién se había llevado más, como si de una competición se tratara. Eso sí que habría dado juego: “Rita Barberá encabeza la lista con la posesión de X millones en tales Sociedades “Offshore” pero Soria se le adelanta doblando la cantidad”. Puede que así, entre que llevamos medio año [¿o cuatro?] sin Presidente y con unos Diputados que parecen cobrar a cambio de ridiculizarse mutuamente, pareciendo el Congreso un plató de Tele5, y los constantes casos de corrupción cada cual más extravagante, leer el periódico deje de alterarnos la sangre y podamos dejarle ese papel a la Primavera.

Pero no desesperemos, porque todos sabemos que después de unas elecciones en las que los resultados van a ser, muy posiblemente, similares a las anteriores, esta vez lograrán Gobierno. Y no solo eso, sino que será la coalición más predecible de todas, la que todos hemos intuido alguna vez. Tal vez con ello me equivoque, pero creo que eso es algo que ya no nos importa a ninguno, resignados a exigirles, ya no que hagan algo en concreto, sino que hagan algo. Hasta entonces permitamos, con la misma seriedad que ello otorga, que clausuren estos inútiles seis meses con un “y esto es todo, amigos”.

 

¿Sí? ¿Seguro?

Con los ojos entreabiertos, sonrisa condescendiente, abrochándose su impecable americana y justificado por el líder de la oposición, un despistado (o no) Rajoy huelgó dar la mano a Pedro Sánchez en la “útil” reunión que tuvieron esta semana.

Y es curioso que un retrato como éste, que adornó las portadas de la mayoría de los periódicos nacionales éste sábado pasado, haya sorprendido a las masas calificando dicha actitud como improcedente e indigna por tratarse de una autoridad como es la del Presidente en funciones.

Debemos recordar una campaña electoral basada en un batiburrillo de faltas de respeto entre las distintas candidaturas a la presidencia, cobijada en la prioridad de encabezar el cambio que España tanto necesita. Por ello, no es de extrañar que el meeting entre la propuesta del Rey y el primer candidato del partido electo se inaugurara con una falta de consenso entre ambas personas de fingir una buena relación entre ellos. De este modo, cabe pensar que quizá esa pretensión de aparentar una realidad que no es, con la que tanto se caracteriza la actual sociedad, no haya llegado hasta las altas esferas, porque lo que sí nos sorprendería (o debería) es una foto colgada en un supuesto Instagram de Pedro Sánchez que mostrara a ambos susodichos tomándose un café descrito con el hashtag #colegueo.

Sin justificar la falta de educación que ello supone, posiblemente ha sido factor sorpresa el hecho de visualizar cuál es la auténtica realidad que fundamenta este mes y medio de incertidumbre política, algo a lo que los ciudadanos no estamos acostumbrados. Escribía Pedro Simón que “nos cuentan cuentos como si fuéramos niños (ya quisiéramos). Nos cuentan cuentos como si fuéramos idiotas”, y puede que acostumbrados al papel de idiotas, por una vez se nos tome en serio, y por mucho pacto que al final se lleve a cabo con la finalidad de no convocar nuevamente elecciones, la relación entre el PP y el PSOE es la misma, y de ahí todo lo que ello conlleve si al final deciden estrechar sus manos.

Dicho de otro modo, va a ser mejor que nos acostumbremos a situaciones de éste calibre. Ya que, del mismo modo que Albert Rivera y Pablo Iglesias jamás van a tener un saludo cual miembros de una misma banda callejera, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, hasta colaborando en el funcionamiento de un nuevo gobierno, jamás, al igual que los líderes italianos Silvio Berlusconi y Umberto Bossi, van a darse un abrazo y a calificarse mutuamente como “mejor compañero de trabajo y/o amigo”.

¿O era al revés?

 

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Una vez más

Vuelve a arriesgarte. Pero esta vez que sea de verdad, sin miedo. Haz que los demás descubran a alguien nuevo en ti, alguien que desconocían. Contempla una vez más el pasado, aprende de él y date la vuelta. Para siempre. No dejes que esa ilusión que yacía dentro de ti se desvanezca por haberte desmoronado una vez. Recuerda que si hay alguna historia que contar es aquella que empieza con algo por lo que te lanzaste y no por haber retrocedido un paso.

Juégatela. Que se rían de ti, no importa. Porque al final los que se rían son los que aprenderán de tu experiencia y no de la suya. Los Beatles no serían quienes son si hubieran desistido cuando la primera discográfica, Decca Studios, oyó su música, les dijo que jamás tendrían futuro dentro de la industria. No existen las decisiones equivocadas, sino actos de valentía por tener aspiraciones y una meta que alcanzar. Alguien dijo una vez que si el plan ‘A’ no funciona, cambia de plan, pero no de meta. Y si cambias de meta, que sea porque conservas las cicatrices que demuestran que fuiste capaz de luchar por algo y que por alguna razón fuera de tu alcance no fue posible; y no por un simple, frío y vacío “porque no”.

 

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Ten miedo. Asústate y llora si lo necesitas. Porque significará que realmente estás dando lo mejor de ti. Y por cada golpe que recibas halla una razón más por la que seguir adelante. Dicen que ningún mar en calma hizo experto al marinero, por eso deseo que tengas muchas batallas en la vida, para que las ganes una a una. Vence tus temores y conviértelos en facultades que te fortalezcan, al fin y al cabo no hay camino sencillo que valga la pena.

Abre tu mente. Recuerda que las aspiraciones están para alcanzarlas, que vivimos en un mundo lleno de posibilidades y que no tenemos tiempo para quedarnos estancados en aquello a lo que nos hemos habituado. Que nada es tan imposible como parece y que a veces el único obstáculo al que debemos enfrentarnos es a nuestra propia actitud.

Inténtalo una vez más porque un fracaso fruto de la aceptación de un reto es de por sí una victoria.

 

“Hasta que el divorcio os separe”

Nos encontramos en vísperas de un nuevo año y junto a ello una jornada en la que nos detenemos un instante para reflexionar qué clase de año hemos vivido y qué clase de año queremos vivir. Os invito a leer ésta carta escrita por alguien que sabe los tiempos que corren, aportando de este modo una reflexión en la que muchos de vosotros, seguramente, os sentiréis identificados.

“Recién asoma un nuevo año, ¿qué dejará de ser tendencia y que lo seguirá siendo? El divorcio es ya un must. Me atrevería a afirmar que se disuelven más matrimonios que pastillas efervescentes.

¿Amor eterno? Empiezo a pensar que proviene de algún cuento chino.

Nos llaman los hijos de divorciados, los que estamos estadísticamente condenados a seguir los mismos pasos que nuestros padres, cual enfermedad hereditaria; pero creo que nos hemos ganado el apodo de héroes. Custodias, manipulaciones, consentimientos, discusiones… Aún intento encontrar la parte positiva, mientras me engulle la tristeza al recordar la decisión que un día ellos decidieron tomar sin tener en cuenta mi opinión. La mayoría de edad, nuestra bocanada de aire fresco.

¿”Crees en el amor?”-me preguntan- ¿”Crees en luchar, en la superación, en la reconciliación, en la convivencia y en la responsabilidad, dentro del amor?” -contesto yo.

La vida es dura señores. ¿Dónde está nuestro empeño para aprender a asumirla mejor? ¿Nos estaremos convirtiendo en perdedores?

Nos enseñan -perdón- adiestran para buscar la felicidad, pero: ¿Quién a encontrarla? Cito: “Felicidad es el estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien” (RAE). Si ni la RAE sabe definirlo bien, realmente tenemos un problema. ¿O no? Veamos si lo hago mejor yo, la chica de diecinueve años. Felicidad: “Estado de ánimo y mental que se halla en el INTERIOR de uno mismo” ¡Eh! Interior.

Creo que muchos confunden el divorcio con una especie de ritual para encontrarla, cuando en realidad el matrimonio se trata de compartirla con esa persona especial que ha aparecido en tu vida.

Termino.

Mamá, Papá; tíos y tías; abuelos maternos… No, no voy a heredar el divorcio.”

Autora: Isabel Buñuel Rubio

Nueve puntos… y un rábano

Menos de una semana han tardado, desde la investidura de la “excelentísima” Carme Forcadell como Presidenta del Parlament, en presentar ante la Mesa del Congreso una propuesta de ley para iniciar cuanto antes el proceso hacia la República Catalana. Como era de esperar, la Mesa ha aceptado dicha propuesta e iniciará su tramitación. Son nueve puntos los que conforman el documento cuyo fin es alcanzar esa libertad tan reivindicada. Nueve puntos que, obviando mencionar las carencias de fundamento jurídico, no se sostienen siquiera por si mismas, y basta con que las leamos solo con un poco de calma:

[Texto original]

Texto original

En primer lugar, el Parlament constata que puede comenzar un proceso a la independencia en vista de las pasadas elecciones, basándose en una supuesta victoria de las fuerzas políticas independentistas. Basta con hacer un poco de memoria para recordar que Junts pel sí ganó en escaños (62), pero no en votos (39%), además de resaltar que la segunda fuerza más votada fue Ciudadanos (17%). Si a lo que se refiere es al apoyo que han recibido de la CUP (con unos resultados “espléndidos” de un 8.2% en votos y 10 escaños), entonces, bienvenidos a su democracia, dónde para ellos el fin justifica los medios, cuando no es así. Es una idea nefasta la de creer que por recibir soporte de un grupo parlamentario que a duras penas representa el pueblo (y que, por cierto, su única motivación política es alcanzar la independencia), creen tener el derecho de hablar en nombre de todos los catalanes.

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En segundo lugar, declara solemnemente el inicio del proceso de creación de un nuevo Estado Catalán independiente que tendrá forma de república. Es lógico, todo proceso independentista se inicia de este modo. Desde luego, Escocia y Kosovo, por mencionar un par de ejemplos, lo único que hicieron fue perder el tiempo entre tanto papeleo innecesario. ¿Para qué recibir el apoyo del Estado del que se fragmentan, o de la Unión Europea en el caso de Kosovo, si pueden declararlo ellos mismos?

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Tercero. Proclama la apertura de un proceso constituyente ciudadano, participativo, abierto, integrador y activo con tal de preparar las bases de la futura constitución catalana. ¡Ah! La Constitución catalana, se nos olvidaba. ¿Y quién la va a redactar? Creo recordar que la Constitución del 78 se hizo con la colaboración de siete miembros de diversos partidos que hicieron, sin duda, un trabajo impecable. Pero una Constitución cuyo objetivo es convertirse en la norma suprema de un Estado que ni siquiera quieren la mayoría de ciudadanos que lo integrarían, ¿están seguros de que será un proceso ciudadano y participativo? Me voy a abstener ante las cualidades de abierto e integrador, porque claro está que todo el procedimiento en sí carece de dichas cualidades, y si ahora no las respetan, ¿quién garantiza que vayan a ser respetadas en un futuro?

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Cuarto. Insta al futuro gobierno a que adopte las medidas necesarias para hacer efectivas las declaraciones. Recurramos un momento al Estatut, la norma primária de Catalunya, y que tanto se ha luchado por él. Su artículo segundo, apartado cuarto, que hace referencia a la Generalitat, luce lo siguiente: “Los poderes de la Generalitat emanan del pueblo de Cataluña y ejercen sus poderes de acuerdo con lo que se establece en este Estatuto y en la Constitución”. Que yo sepa, hasta ahora la Constitución no ha sido más que su enemigo. Pero, a pesar de ello, siempre he tratado de considerar éste tema sin tener que fundamentarme en leyes, ya que claro está que para ellos estas no son una justificación válida. Sin embargo, resulta irónico que los mismos que aprecian tanto el Estatut obren ahora en contra de él.

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Quinto. Considera pertinente iniciar en el término máximo de treinta días la tramitación de las leyes de proceso constituyente, de seguridad social y de hacienda pública. Treinta días. La cuestión es construir un nuevo Estado independiente y, sin duda, supuestamente mejor del que hemos formado parte hasta ahora. Y en treinta días quieren tramitar tres de las leyes más relevantes. No hay mucho que decir. Aquí, cada uno que lo considere a su manera.

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Sexto. Considera que como depositario de la soberanía y expresión del poder constituyente, no deberán tenerse en cuenta las decisiones de las instituciones del Estado español, y en concreto del Tribunal Constitucional, considerándolo deslegitimado a raíz de lo dispuesto en el Estatuto de Catalunya. Dejando a parte la deslegitimación deliberada de un órgano como es el Tribunal Constitucional, es sorprendente cómo ahora el Estatut resulta ser el motivo en el que se fundamentan para realizar dicha declaración. En el cuarto punto creía que ya no se le tendría en cuenta, que la Ley no es problema para ellos, si hay que saltársela, se salta. Pero no, en éste caso no. Es la Ley Orgánica 6/2006  la que otorga competencia a Catalunya para poder establecer una desconexión absoluta con cualquier decisión que el estado central pueda tomar.

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Séptimo. Adoptará las medidas necesarias para abrir el proceso de desconexión democrática, masiva, sostenida y pacífica con el Estado español. ¿A qué medidas se refieren? ¿Al referéndum ilegal convocado el 9 de noviembre de 2014? Puede que se refieran a la buena relación que ha habido hasta ahora entre Mas y Rajoy, o quizá a la tergiversación de la Diada Nacional de Catalunya en el día oficial al reclamo de la independencia. No, posiblemente sean los partidos de fútbol en los que se silva en el minuto 17.14,  o bien cuando suena el himno de España. La democracia y el pacifismo entre ambas partes no parece haberse establecido hasta ahora. Y no hace falta hablar en el ámbito nacional, sino que en Cataluña mismo tanto ciudadanos como partidos políticos de posturas opuestas frente a este tema no han sabido congeniar. Se ha cultivado una política en la que “o estás conmigo, o contra mi”.

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En penúltimo lugar, insta al futuro gobierno a cumplir exclusivamente las normas o mandatos de esta Cámara (el Parlament), con el fin de blindar los derechos fundamentales que puedan estar afectados por decisiones de las instituciones del Estado español. Justificarse con “el fin de blindar derechos fundamentales que podrían estar afectados por el Estado español” es realizar una acusación un tanto vertiginosa. Puede que no se les esté otorgando ese “derecho fundamental” de decidir, pero para entenderlo como un ataque del Estado central a los derechos fundamentales de los catalanes, como si se tratara de una represión a la ciudadanía catalana, hay que tener muy buenas razones, que, de existir, aún no se han manifestado.

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Y, finalmente, clausura la propuesta de resolución declarando la voluntad de inicio de negociaciones con tal de hacer efectivo el mandato democrático de creación de un estado catalán independiente en forma de República, poniéndolo en conocimiento del Estado español, la Unión Europea y el conjunto de la Comunidad internacional. Era lo único que les faltaba por incluir, una cláusula en la que se informara a la UE, la Comunidad Internacional y al Estado español su disposición a negociar, puesto que hasta ahora no lo habían intentado y, por consiguiente, desconocen las posturas de estos miembros [nótese la ironía].

No por no ser el autor se es menos culpable. Cierto es que en Cataluña se esta siguiendo un procedimiento al margen de la Ley, impulsado por buena parte de los miembros. Sin embargo, desde el gobierno Estatal, no se ha realizado ninguna acción, ni siquiera de acercamiento a la otra postura. No se puede tolerar que un territorio obre de un modo déspota, pero tampoco es concebible que desde el Palacio de la Moncloa lo único que se haga es reivindicar la Unidad española, cobijados tras el 155 de la Constitución y decir garantizarla a base de falsas amenazas sin moverse siquiera de sus aposentos.

Y mientras, ellos seguirán por su camino. Y en un camino en el que ni la Ley ni la Orden tienen importancia alguna, lo más probable es que al final gobierne el caos, o dicho de otro modo, que al final gobiernen los susodichos autores de una “obra maestra” como ésta.

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Los primeros pasos

“Cuando la lucha entre facciones es intensa, el político se interesa, no por todo el pueblo, sino por el sector a que él le pertenece. Los demás son, a su juicio, extranjeros, enemigos, incluso piratas.” Thomas Macaulay.

Escribir sobre que estas elecciones han sido distintas, y no sólo eso, sino que han marcado un antes y un después en muchas ciudades, algunas de las más influyentes de nuestro país, sería redundante. Los resultados de este sorprendente e incluso conmovedor 24 de Mayo, siguen y seguirán siendo noticia durante mucho tiempo, y puede que hasta las próximas elecciones. Desde Manuela Carmena en la capital, pasando por una Ada Colau en Barcelona, e incluso en un pequeño pueblo de Valladolid, Villán de Tordesillas, dónde la Falange ha cobrado protagonismo.

La cuestión es muy clara, aquellos que se manifestaron el 15-M por las calles de Madrid decidieron abandonar ese papel de indignados y formaron su propio partido político, porque por poder, pueden. El resto del pueblo por su parte, tomó dos posturas distintas; los que estaban hartos que la roja rosa y de la gaviota azul estuvieran siempre encabezando la política española, y los que apoyaron esa iniciativa popular de los de Podéis, tal y como Arcadi Espada acuñó el concepto.

De los primeros, una notable cantidad decidieron ausentar su voto ante la frustración de las opciones que se le planteaban. Sin embargo, los segundos activamente participaron en las elecciones pronunciándose a favor de esta nueva coalición en la que se sentían plenamente identificados, porque, al fin y al cabo, no hay nada que una más a las personas que el odio y desesperación a alguien o algo. Las elecciones fueron tan democráticas como debían serlo, sin embargo, fue este periodo postelectoral en el que, y ya desde un punto de vista más personal, la democracia se nos ha ido un poco por los poros. A grandes rasgos, gobierna el más votado, el que más gente ha escogido como candidato más “idóneo” por la razón que sea, al menos dentro de la población votante. Está establecida una mayoría reglamentaria para votar, como es lógico, que ya que se trata de la democracia de las mayorías, que al menos sea la absoluta.Politico-meeting_ECDIMA20150508_0008_19

El problema surge cuando en esa coalición de partidos no está presente, ya no el partido electo, sino ninguno de los miembros de éste. De modo que un conjunto de partidos de la “oposición”, junto con otros partidos que posiblemente días antes se hubieran “tirado piedras”, mediante la suma de votos se sitúan en el poder. No niego la importante presencia de pluralismo político incluso cuando el partido que ha ganado no tiene nada que ver, cierto es que la diferencia complementa los distintos puntos de vista, y más cuando el objetivo de sus trabajos es, o debería ser, por y para el pueblo.

Pero, simplificando conceptos, ¿no debería apoyarse ese partido que con mayoría ha sido escogido? Al margen de las derechas y de las izquierdas, de los de arriba o de los de abajo, esta “lucha” que durante el tiempo previo a las elecciones parecía estar centrada en quién quería gobernar al pueblo ha terminado por convertirse en una “pelea de gallos” por quién alcanzaba el poder. Puede que las rígidas palabras de Thomas Macaulay no se alejen tanto de la realidad, sólo que en vez de centrarse en el sector que les pertenece, se han centrado un poco en ellos mismos.

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Y después de esa reflexión, que, a quién pretendo engañar, puede que sea un tanto trágica, veremos qué ocurre con estas primeras decisiones que se han ido tomando que, con un poco de suerte, las cosas cambiarán, o, al menos, ya han empezado a hacerlo.

El último mono

Estamos en crisis, y ya es hora de moverse. No hablo de una crisis económica, sería absurdo,  ni tampoco de algo tan trascendental como la crisis de valores en referencia a lo más profundo de la ética. Somos una sociedad en crisis y como no empecemos a espabilar la recuperación va a llevarnos demasiado tiempo. Podría decir que somos una sociedad pesimista, desalentada y hundida. Pero no, lo que quiero decir es que nos hemos convertido en unos pusilánimes. Para que se me entienda, somos todos unos blandengues.

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Somos una sociedad que se ha terminado creyendo su propia mentira; hemos caído en la atractiva trampa del victimismo. Ahora todo el mundo es el afectado y nadie es el culpable. Nos pasamos el día acusando a terceros de lo que ocurre, pero no se nos pasa por la cabeza que quizá buena parte de la culpa sea nuestra. Invertimos la mayor parte de nuestro tiempo despotricando y perdiendo los nervios por todo lo que hacen “los de ahí arriba”, pero que yo sepa, y espero que todo el mundo esté de acuerdo, nuestro día a día no gira ni mucho menos alrededor de la política.

Nos pasamos el día quejándonos de que se han perdido los modales del día a día, pero luego somos incapaces de dejar pasar antes de entrar o de ceder el sitio en el metro a una persona mayor. Nos hemos olvidado de dar los buenos días a aquellas personas que nos cruzamos cada mañana y de dar las buenas noches cuando nos vamos a casa. Ahora todo lo que hacemos está bien a menos que lo haga otra persona. Hemos arrinconado el “disculpe, perdone, gracias”.

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Somos incapaces de pensar que quizá lo que hacemos pueda afectar a otras personas porque “es mi vida, y si a ti te fastidia a mi eso no me incumbe. El problema es tuyo”. Exigimos a nuestros representantes políticos que dejen de velar por sus intereses personales y empiecen a pensar en los intereses generales, pero cuando vamos a comer fuera no servimos el agua a la persona que tenemos enfrente y nos servimos a nosotros primero.

Nos encanta hablar de amistad pero luego descuidamos a nuestros más fieles amigos. Ya no nos interesa qué tal le va el trabajo, los estudios o con la novia. Ya no llamamos de vez en cuando para mantener una conversación con aquellas personas que cuando lo necesitas están ahí, sin embargo intercambiamos un par de Whatsapps y “sí, de vez en cuando hablo con él/ella”.

Nos gusta dar lecciones sobre la vida y lo que no sabemos es que aún no hemos aprendido a vivirla. Hablo de lecciones como las que damos a los que tenemos a nuestro alrededor cuando insistimos en “erguir la cabeza y mirar para adelante” pero el mínimo obstáculo que se interpone en nuestro camino logra encerrarnos en nosotros mismos. Y ahí es cuando expresamos nuestro máximo punto de debilidad, que te den la lección que tu un día diste. “Pero es que mi caso es distinto, lo mío es peor”. Yo, mi, me, conmigo. Y a los demás, que les zurzan.

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Nos hemos olvidado de plantearnos de vez en cuando que quizá, a veces, nosotros somos el problema. No se nos ha ocurrido que probablemente la culpa no sea del vecino, del perro, del gato, de la abuela o del bombero. Alguien un día dijo que si queremos cambiar el mundo “primero debemos cambiar tú y yo”.

Porque al final la comodidad del quejarse es como cuando un profesor hace una pregunta dirigida a alguien, y éste alguien mira al de atrás, y el de atrás al de detrás suyo, y así sucesivamente. Puede que haya llegado la hora de ser el último mono de la clase que asienta la cabeza sobre los hombros y decide mirar fijamente al reto que se le plantea. Ya tenemos a nuestros abuelos para recordarnos que la juventud ya no es lo que era y toca afrontar que posiblemente el problema es que somos víctimas de nosotros mismos, ¿y qué mejor reto que ganar nuestra propia batalla?

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“Ojo por ojo, diente por diente”

“Ojo con lo que cuelgas en las redes, que luego lo puede ver cualquiera”. Es posible que hayamos oído o leído ésta frase una media de cuatrocientas treinta y siete veces a lo largo de nuestras vidas. Suena incluso inofensiva, dicen que cuando te repiten tantas veces una cosa al final la teoría la conoces perfectamente pero escasamente lo pones a la práctica. Si no recuerdo mal la primera vez que me la dijeron provenía de la boca de mis padres, cuando empezaba a darme de alta en varias redes sociales porque “está a la moda y te enteras de todo”. Tenía, aproximadamente, doce años.

En realidad ya fue con el maravilloso Messenger con el que debía tener cuidado con quien hablaba, “recuerda que nunca sabes quién hay detrás de esa foto”. A día de hoy se sigue insistiendo en la cautela que deberíamos tener a la hora de colgar según qué vídeos, comentarios o fotos en las redes sociales. Ha sido una revolución que se ha convertido hasta en una nueva rama incluida en las plataformas educativas para los más pequeños.

Al principio, el único miedo que te corroe por dentro es que haya un pederasta metido en un perfil de Facebook que esté mirando tus fotos, y te lo imaginas al otro lado de la pantalla escribiéndote cobijado tras una foto de algún amigo tuyo. Ahora, lo que te imaginas es a ti mismo en un futuro no muy lejano ante un entrevistador para el trabajo en el que has solicitado plaza, esperando que en cualquier momento inste acceder a tu perfil de Facebook o Instagram (aunque yo, personalmente, no he caído en las garras de éste monstruo del postureo) y temblando le permites tal autorización, esperando a que en cualquier momento halle una fotografía tuya de una noche que ni siquiera recuerdas, con una gente cuyo nombre desconoces y con una aspecto de total irresponsabilidad. Y ahí es cuando te asusta la posibilidad de perder una oportunidad laboral por la mera razón de no haber hecho caso a quienes te dijeron en su día que tomaras esas precauciones.

Hace dos días leí una noticia sobre la circulación a través de distintas R.R.S.S de una fotografía comprometida, cuya protagonista es Teresa Rodríguez. Hablando en plata, se encontró una foto de la candidata de Podemos para la Junta de Andalucía en la playa, tal y como Dios la trajo al mundo. Con éste tipo de noticias te das cuenta que el peligro de las redes sociales es una realidad. Tal es esa realidad que invertí aproximadamente un año de mi vida a investigar sobre éste nuevo mundo que se nos ha abierto a todos indistintamente, absorta y curiosa por todo lo que debía haber detrás de éste. El caso es que no es la primera ni la última noticia en la que se encuentran tuits, fotos o vídeos de distintos personajes públicos que se convierten en razón para despreciarlos. Si se trata de cualquier celebrity de la alfombra roja quizá pasemos la noticia por alto, pero hablamos ya de nuestros representantes políticos. A pesar de todo, no es nada nuevo para nosotros, y a todos de modo alguno se nos ha alertado en algún momento sobre ello.

Pero, y siendo francos, ¿a caso hay alguien que lo tome en consideración antes de pulsar el botón de upload en cualquier cuenta que tengamos? Como mucho nos preocupa que esa foto en la que se nos ha etiquetado nos desfavorezca la apariencia de persona mainstreamcool que todos somos ahí dentro. Porque ésto empezó siendo cosa de jóvenes y se ha extendido hasta edades inimaginables, mencionando también que los jóvenes crecen, y los que fueron pioneros en éstas plataformas son, probablemente, padres de familia y directores de empresa.

Por eso, cada vez que me imagino temblando ante un entrevistador para el trabajo que he solicitado, mostrándome él una foto mía cualquiera como si se tratara de una prueba policial que demuestre que a raíz de eso jamás sería el perfil para el puesto de trabajo, me imagino yo sacando mi teléfono móvil y enseñándole al susodicho una imagen suya mientras le digo, “Sí, pero mire que he encontrado yo”.

Hay mucho más detrás

Anteayer vi un vídeo en el que una chica joven, y es necesario precisar que era de físico corpulento, contaba cómo había vivido y “superado” una primera etapa de su adolescencia el hecho de no tener un cuerpo cómo lo que se ha establecido hoy en día como canon de belleza. He escrito entre comillas la palabra superado porque eso es algo que no se debería superar, pues el hecho de mencionarlo hace que establezcamos que se trata de algo poco corriente y que se debería mejorar en ello, y esa actitud debería dejar de existir.

Cada vez más se habla de la necesidad de romper esquemas y prototipos sobre el modelo que deben seguir las mujeres, y hombres, por supuesto, que anhelan un cuerpo deseable a los ojos de la sociedad. Sin embargo, hablar de ello en exceso me parece que es lo que induce a pensar que hay una distinción de patrones, unos que son los que se conciben como modelos a seguir, y los otros los que deberían alcanzar los primeros. Con eso no estoy diciendo que esté en desacuerdo con la cantidad indecente de vídeos o artículos que he llegado a ver o leer, bien estoy escribiendo yo sobre ello y podría entenderse un tipo de incoherencia, pero era la única forma en la que podía introducirme en éste terreno.

El caso es que la chica en cuestión, muy bella, por cierto, no sólo hablaba de el hecho de no tener una cintura de alguien raquítico, hecho que me emocionó ya que cuando hablamos de dejar de seguir prototipos de belleza inalcanzables (muy demostrado está ya la informática empleada para conseguir las imágenes que luego se divulgan), también debemos incluir a esas chicas “excesivamente” delgadas, sin curvas o sin cualquier otra característica absolutamente exenta de importancia que a veces se nos olvidan. Pero lo que se debería destacar sobre lo que hablaba es, entre otras cosas, de la importancia que tiene el no preguntarse jamás el “porqué debería yo gustarle a esa persona, si él/ella es mucho más guapo/a que yo”.

No quisiera quitarle seriedad a los graves problemas originados por el anhelo de las adolescentes de lograr tener un cuerpo como los que ven de sus ídolos al que hoy en día nos enfrentamos, ya que cada vez es más frecuente y debe tomarse en consideración. No obstante, hay otros matices causados por ésta tendencia a tratar de lograr algo que es imposible de obtener, y estos son la falta de confianza en uno mismo, el no saber apreciar cómo se es, no saber mantener una postura de indiferencia por ser distinto a los demás, ya que lo que enriquece a cada persona es lo que constituye su ser. Afortunadamente se empieza a valorar cada vez más ese precioso tesoro que los hay que mantienen como su bien más preciado y otras personas a veces lo descuidan; la personalidad. Cierto es que a medida que uno se hace mayor, más importancia le da él mismo y los demás a la personalidad, los fundamentos en los que se basa lo que hace de esa persona alguien único y especial. El físico de una persona es algo material, algo que varía con el tiempo, que con los años se degrada. El problema se halla cuando alguien basa su persona en su físico, lo que hace que el aspecto externo que tiene sea proporcional a la confianza en sí mismo, y eso es lo que hace tener ese complejo de inferioridad. Nunca se tiene suficiente, siempre se puede ser más alta, más delgada, de ojos más claros o más oscuros, más rubia o más morena, y por mucho que en ciertos momentos se alcance el físico que se quiere siempre veremos a alguien que lo es másPor consiguiente, cuando conocemos a alguien que auténticamente valora cómo somos siempre tendremos esa duda del qué ha visto esa persona en mí. Y, ya basándome en el vídeo que del que he partido, es el mayor error que podemos cometer. Si hay algo que hace bella a una persona es la confianza en sí misma.

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Los cánones de belleza varían con el tiempo, basta con ver la evolución de las musas en las más valoradas obras de arte a lo largo de los siglos, el cambio es claramente visible, y nunca se ciñen a un modelo estándar. La personalidad, en cambio, es algo exclusivo de cada uno, no se van a repetir personalidades por más que se asemejen o bien se trate de seguir la de otra persona. Podrás tratar de ser como alguien tanto como se quiera y nunca podrás ser igual o mejor que esa persona, lo mismo ocurre cuando eres la mejor versión de ti mismo, no hay nadie más idóneo que podrá serlo. Deberíamos empezar a apreciar y darle importancia a quienes somos y no qué somos, porque si no empezamos por valorarnos a nosotros mismos, ¿quién lo hará?