Fins aquí

Hasta aquí hemos llegado. Levántense y, de forma ordenada, abandonen sus asientos. El espectáculo no da para más. Creo que toca despejar el escenario y, con un gesto de humildad, apagar los focos que han alumbrado cada acontecimiento por doquier. Han sido suficientes las emociones en muy poco tiempo como para seguir alargando esta obra esperpéntica que ya ha hecho eco a nivel internacional. Primero fue la aprobación de una Ley ilegal, luego fue un referéndum de mentira en el que llovieron tortas que sí fueron reales, y, de postre, una declaración más cómica que delictiva a la que se respondió con la misma calidad política.

Me parece que ya hemos tenido suficiente, honorable president. Me parece que ya te has colmado de suficientes medallas cual héroe de Catalunya. Ya tienes lo que querías, una declaración de independencia sin riesgo de cárcel y una sociedad enfrentada que ha salido a la calle a pelear por lo que tú les has prometido. Exacto, ellos han salido a cumplir tu promesa, porque no has sido tú quien peleó por votar el 1 de octubre. Tampoco fuiste tú uno de los 800 heridos de los que te acordabas ayer en tu discurso. Me permito tutear puesto que, si bien jamás apoyé tu causa, al menos la respetaba, pero después de todo, por quedarme ya no me queda ni respeto; ni por el fin, ni por los medios. Me pregunto cómo hemos llegado hasta aquí. Llevo siguiendo la trama desde el primer día que tintineó la posibilidad de un pacto fiscal y aún no sé cómo hemos terminado tolerando una irrespetuosidad como la de posponer una hora una comparecencia tan crucial como la de ayer, manteniendo expectantes, no solo a siete millones y medio de catalanes, sino a una Nación entera, e incluso me atrevo a decir que a miles de ciudadanos de otras nacionalidades. Eres, posiblemente, tanto tú como tu equipo, una de las peores desgracias que ha sufrido Catalunya a lo largo de su historia. Porque te has reído de nosotros; de todos, de los que jamás apoyamos todo este tinglado como los que te han respaldado desde el primer día que, a día de hoy, siguen justificándote lo injustificable. Te digo, Carles, lo que ocurrió el 1-O fue tan culpa tuya como del Gobierno, así que te pido, por favor, que al menos tengas la mínima decencia de no limpiarte las manos cuando te refieras a lo que ocurrió esa fecha que, muchos de nosotros, jamás olvidaremos. La soberbia con la que recitabas ayer tu discurso era propia de alguien incapaz de dirigirse a la totalidad de un pueblo, al contrario de lo que predicas. Ni siquiera mantuviste la mirada al frente cuando declaraste por tan poco tiempo la República Independent de Catalunya, y en seguida la bajaste para proseguir anunciando su suspensión temporal. A quién pretendes engañar, president, tú no buscas diálogo, jamás lo hiciste, tú lo que buscas es blindarte de cualquier tipo de responsabilidad y salir impune de todo esto. Pero tengo que decir que eso ya da igual, ayer te retrataste como el político que has sido hasta hoy: auténtica ineptitud.

Y cuando digo que me parece que ya hemos tenido suficiente, me refiero que toca decirles basta a todos, puesto que la otra mitad que completa el detonante de todo lo ocurrido se le llama Gobierno de España. Más concretamente Partido Popular, y por ponerle un apellido, se le llama Rajoy. Porque habéis sido la gran decepción de Catalunya, especialmente de todos los catalanes que jamás se sintieron identificados con la independencia. Rajoy, has sido incapaz de admitir en seis años que en Catalunya se quiere una serie de cambios. “Son cuatro gatos, no es importante, ya se les pasará”. Y se les pasó, y tanto que se les pasó, Rajoy, gracias a ti. Pero no como tu creías, lo que se les pasó es por el forro toda Ley tras la que te has cobijado. Porque es más fácil no mojarse, ¿verdad? Preferiste quedarte sentado en el trono de hierro del Palacio de la Moncloa antes de coger un tren y presentarte en la Generalitat. Por lo menos nos ha quedado claro que lo que tu oyes son votos, no ciudadanos. Porque si los independentistas siempre se sintieron repudiados por tu gobierno, puedo decirte que una buena parte de los que no queremos esta secesión también. Toda esa minoría silenciosa, o, en palabras de Arrimadas, silenciada, esperaba que su gobierno hiciera algo. Y esperamos Diada tras Diada. Desde luego no esperábamos una sandez como la que se te ocurrió para el 1 de octubre, que sabemos que no fue mandato tuyo directo, sería absurdo, ¿cómo ibas a actuar tú frente a la cuestión catalana? Tu incapacidad política ya ha sido probada. Esperábamos diálogo, conciliación, entendimiento entre ambas partes, una solución en la que todos saliéramos ganando o, al menos, perdiéramos lo menos posible. Por emplear una palabra y que lo entiendas, nos has dejado “solos”. Solos, que no desamparados, pues esta sociedad catalana que tanto te gusta porque “hacemos cosas” ha sido lo suficientemente fuerte como para aguantar seis años sin ninguna fuerza política que fuera más allá de la oratoria. Porque decir lo que está bien o está mal, proclamar lo que ampara la Ley y lo que se sale de ésta, ya lo hace todo el mundo. Te olvidaste de lo más importante, ya que tu función es, o al menos era, asegurarse el cumplimiento de esta, siempre manteniendo un estado de “tranquilidad y sosiego” como el que mencionabas en tu discurso. Es difícil mostrarse partidario de una Catalunya dentro de España cuando el reflejo político de dicha ideología no ha sido más que pura incompetencia con la que te coronaste permitiendo que se hicieran las cosas como se hicieron el 1-O. Y ya para terminar decirte que nos da igual lo que quieras hacer, llámalo artículo 155 o proceso de mediación, por eso digo que no te necesitamos, desde luego nos hemos valido por nosotros mismos.

Sería injusto terminar sin decirlo todo, pues queda espacio para un breve agradecimiento. Algo que de no ser por vosotros quizá no nos habríamos dado cuenta. Y es que a pesar de haber roto y enfrentado la sociedad, vuestro pueblo, lejos de ser fútil como creéis, ha sido capaz de reforzar amistades y vínculos familiares impidiendo que el desastre que habéis desencadenado deje solo un ambiente árido. Somos mentes con ideas, pero ante todo somos humanos.

Hasta aquí. Levántense, abandonen sus asientos y cierren la puerta al salir.

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Brindemos

Tras el fin de este más que ajetreado 2016 y el sobrehumano esfuerzo que ha supuesto amanecer ésta mañana para más de uno, volvemos a las trincheras de un nuevo año, etapa, capítulo o como quiera llamar cada uno a éste ligero cambio en la fecha. Como es costumbre, para algunos éste año ha sido “peor que el anterior”, huelgando que, posiblemente, doce meses atrás los males a los que se referían eran los mismos, mayores o incluso apostaría que para otros fueron más leves de lo que recuerdan. Sea como fuere, cada uno habrá homenajeado ésta clausura como buenamente haya podido, otorgándole el énfasis que para muchos le es propio o simplemente agradecidos por la oportunidad de pensar que ha iniciado una nueva etapa.

En vista a todo ello, propongo que brindemos.

Que brindemos juntos por la infinitud de alegrías; las sorpresas, logros y finales inesperados. Por cada noche que nos hemos acostado soñando un nuevo mañana. Por los segundos que se nos han hecho eternos y las eternidades breves. Por las cenas con los amigos y  las cervezas con la familia. Brindemos por la satisfacción que nos han regalado los pequeños placeres de este año; la puesta de Sol desde el vagón de un tren o los cigarrillos con uno mismo. Por las personas que hemos conocido y por las que vuelven a ser desconocidas. Brindemos por la muerte de Bowie, por la melodía que ha definido tu año o por los acordes que hayas descubierto. Que lo hagamos por todas esas circunstancias que nos han regalado más de una carcajada, incluso de alguna alegría a pesar de ser fruto del egoísmo.

Brindemos. Brindemos por todas las tristezas; los disgustos, las pérdidas y despedidas. Brindemos por las sensaciones de amargura y por las de odio. Por todas esas circunstancias en las que lo hemos dado todo y creemos no haber recibido nada. Por las ganas de tirarlo todo por la ventana y por las veces en las que te has planteado tirarte tú. También por los días en los que hemos decidido ser unos imbéciles por la satisfacción que, a veces, ello otorga. Brindemos por cada lágrima de dolor, y por las de impotencia. Por la presión en los puños que aguardan rabia y los gritos carentes de razones que los justifiquen. Por los dramones en los que nos inmiscuimos por el simple goce de dejarse hundir. Brindemos por todas las veces en las que la garganta escuece por contener las ganas de llorar y por las que has preferido desplomarte sin importar el dónde. Hagámoslo por cada vivencia que, en más de una ocasión, nos ha amargado la existencia durante este año.

Por todo ello y por mucho más, brindemos; porque ha sido cada uno de esos momentos los que han hecho de nosotros ese alguien que será capaz de afrontar, y sabe Dios a qué, lo que 2017 nos depara.

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Hagan. Lo que sea, pero hagan.

Vuelven las elecciones. Qué novedad, ¿Verdad? Sí, el 26 de Junio vamos a tener que movilizarnos, otra vez, para ejercer nuestro bendito derecho sufragio  para ver si de una vez por todas hay algún tipo de posibilidad de volver a tener Gobierno.

Oh, Gobierno. Creo que a muchos se nos atasca la voz al pronunciar esta palabra. Seis meses han transcurrido desde la última vez que tuvimos uno de esos. Seis meses, con sus ciento ochenta días y todas sus tentativas de formar algún tipo de coalición imposible. Y digo coalición imposible porque daba igual el titular que protagonizaran los periódicos, fueran quienes fuesen los partidos que habían decidido pactar de algún modo, se veía venir una imposibilidad de acuerdo inmediata. Y así ocurría. De modo que posiblemente las redacciones, hartas de haber combinado ya todos los partidos, decidieron convertir dichas noticias en secundarias para dar paso a una cuestión tan escandalosa pero tan normalizada como es la malversación de fondos públicos. El panorama ha terminado siendo apoteósico. Tanto, que al final uno no sabía si indignarse o alegrarse por la cantidad de dinero embolsado por algunos de los protagonistas. Solo faltaba que se hicieran comparativas de quién se había llevado más, como si de una competición se tratara. Eso sí que habría dado juego: “Rita Barberá encabeza la lista con la posesión de X millones en tales Sociedades “Offshore” pero Soria se le adelanta doblando la cantidad”. Puede que así, entre que llevamos medio año [¿o cuatro?] sin Presidente y con unos Diputados que parecen cobrar a cambio de ridiculizarse mutuamente, pareciendo el Congreso un plató de Tele5, y los constantes casos de corrupción cada cual más extravagante, leer el periódico deje de alterarnos la sangre y podamos dejarle ese papel a la Primavera.

Pero no desesperemos, porque todos sabemos que después de unas elecciones en las que los resultados van a ser, muy posiblemente, similares a las anteriores, esta vez lograrán Gobierno. Y no solo eso, sino que será la coalición más predecible de todas, la que todos hemos intuido alguna vez. Tal vez con ello me equivoque, pero creo que eso es algo que ya no nos importa a ninguno, resignados a exigirles, ya no que hagan algo en concreto, sino que hagan algo. Hasta entonces permitamos, con la misma seriedad que ello otorga, que clausuren estos inútiles seis meses con un “y esto es todo, amigos”.

 

¿Sí? ¿Seguro?

Con los ojos entreabiertos, sonrisa condescendiente, abrochándose su impecable americana y justificado por el líder de la oposición, un despistado (o no) Rajoy huelgó dar la mano a Pedro Sánchez en la “útil” reunión que tuvieron esta semana.

Y es curioso que un retrato como éste, que adornó las portadas de la mayoría de los periódicos nacionales éste sábado pasado, haya sorprendido a las masas calificando dicha actitud como improcedente e indigna por tratarse de una autoridad como es la del Presidente en funciones.

Debemos recordar una campaña electoral basada en un batiburrillo de faltas de respeto entre las distintas candidaturas a la presidencia, cobijada en la prioridad de encabezar el cambio que España tanto necesita. Por ello, no es de extrañar que el meeting entre la propuesta del Rey y el primer candidato del partido electo se inaugurara con una falta de consenso entre ambas personas de fingir una buena relación entre ellos. De este modo, cabe pensar que quizá esa pretensión de aparentar una realidad que no es, con la que tanto se caracteriza la actual sociedad, no haya llegado hasta las altas esferas, porque lo que sí nos sorprendería (o debería) es una foto colgada en un supuesto Instagram de Pedro Sánchez que mostrara a ambos susodichos tomándose un café descrito con el hashtag #colegueo.

Sin justificar la falta de educación que ello supone, posiblemente ha sido factor sorpresa el hecho de visualizar cuál es la auténtica realidad que fundamenta este mes y medio de incertidumbre política, algo a lo que los ciudadanos no estamos acostumbrados. Escribía Pedro Simón que “nos cuentan cuentos como si fuéramos niños (ya quisiéramos). Nos cuentan cuentos como si fuéramos idiotas”, y puede que acostumbrados al papel de idiotas, por una vez se nos tome en serio, y por mucho pacto que al final se lleve a cabo con la finalidad de no convocar nuevamente elecciones, la relación entre el PP y el PSOE es la misma, y de ahí todo lo que ello conlleve si al final deciden estrechar sus manos.

Dicho de otro modo, va a ser mejor que nos acostumbremos a situaciones de éste calibre. Ya que, del mismo modo que Albert Rivera y Pablo Iglesias jamás van a tener un saludo cual miembros de una misma banda callejera, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, hasta colaborando en el funcionamiento de un nuevo gobierno, jamás, al igual que los líderes italianos Silvio Berlusconi y Umberto Bossi, van a darse un abrazo y a calificarse mutuamente como “mejor compañero de trabajo y/o amigo”.

¿O era al revés?

 

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Una vez más

Vuelve a arriesgarte. Pero esta vez que sea de verdad, sin miedo. Haz que los demás descubran a alguien nuevo en ti, alguien que desconocían. Contempla una vez más el pasado, aprende de él y date la vuelta. Para siempre. No dejes que esa ilusión que yacía dentro de ti se desvanezca por haberte desmoronado una vez. Recuerda que si hay alguna historia que contar es aquella que empieza con algo por lo que te lanzaste y no por haber retrocedido un paso.

Juégatela. Que se rían de ti, no importa. Porque al final los que se rían son los que aprenderán de tu experiencia y no de la suya. Los Beatles no serían quienes son si hubieran desistido cuando la primera discográfica, Decca Studios, oyó su música, les dijo que jamás tendrían futuro dentro de la industria. No existen las decisiones equivocadas, sino actos de valentía por tener aspiraciones y una meta que alcanzar. Alguien dijo una vez que si el plan ‘A’ no funciona, cambia de plan, pero no de meta. Y si cambias de meta, que sea porque conservas las cicatrices que demuestran que fuiste capaz de luchar por algo y que por alguna razón fuera de tu alcance no fue posible; y no por un simple, frío y vacío “porque no”.

 

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Ten miedo. Asústate y llora si lo necesitas. Porque significará que realmente estás dando lo mejor de ti. Y por cada golpe que recibas halla una razón más por la que seguir adelante. Dicen que ningún mar en calma hizo experto al marinero, por eso deseo que tengas muchas batallas en la vida, para que las ganes una a una. Vence tus temores y conviértelos en facultades que te fortalezcan, al fin y al cabo no hay camino sencillo que valga la pena.

Abre tu mente. Recuerda que las aspiraciones están para alcanzarlas, que vivimos en un mundo lleno de posibilidades y que no tenemos tiempo para quedarnos estancados en aquello a lo que nos hemos habituado. Que nada es tan imposible como parece y que a veces el único obstáculo al que debemos enfrentarnos es a nuestra propia actitud.

Inténtalo una vez más porque un fracaso fruto de la aceptación de un reto es de por sí una victoria.

 

“Hasta que el divorcio os separe”

Nos encontramos en vísperas de un nuevo año y junto a ello una jornada en la que nos detenemos un instante para reflexionar qué clase de año hemos vivido y qué clase de año queremos vivir. Os invito a leer ésta carta escrita por alguien que sabe los tiempos que corren, aportando de este modo una reflexión en la que muchos de vosotros, seguramente, os sentiréis identificados.

“Recién asoma un nuevo año, ¿qué dejará de ser tendencia y que lo seguirá siendo? El divorcio es ya un must. Me atrevería a afirmar que se disuelven más matrimonios que pastillas efervescentes.

¿Amor eterno? Empiezo a pensar que proviene de algún cuento chino.

Nos llaman los hijos de divorciados, los que estamos estadísticamente condenados a seguir los mismos pasos que nuestros padres, cual enfermedad hereditaria; pero creo que nos hemos ganado el apodo de héroes. Custodias, manipulaciones, consentimientos, discusiones… Aún intento encontrar la parte positiva, mientras me engulle la tristeza al recordar la decisión que un día ellos decidieron tomar sin tener en cuenta mi opinión. La mayoría de edad, nuestra bocanada de aire fresco.

¿”Crees en el amor?”-me preguntan- ¿”Crees en luchar, en la superación, en la reconciliación, en la convivencia y en la responsabilidad, dentro del amor?” -contesto yo.

La vida es dura señores. ¿Dónde está nuestro empeño para aprender a asumirla mejor? ¿Nos estaremos convirtiendo en perdedores?

Nos enseñan -perdón- adiestran para buscar la felicidad, pero: ¿Quién a encontrarla? Cito: “Felicidad es el estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien” (RAE). Si ni la RAE sabe definirlo bien, realmente tenemos un problema. ¿O no? Veamos si lo hago mejor yo, la chica de diecinueve años. Felicidad: “Estado de ánimo y mental que se halla en el INTERIOR de uno mismo” ¡Eh! Interior.

Creo que muchos confunden el divorcio con una especie de ritual para encontrarla, cuando en realidad el matrimonio se trata de compartirla con esa persona especial que ha aparecido en tu vida.

Termino.

Mamá, Papá; tíos y tías; abuelos maternos… No, no voy a heredar el divorcio.”

Autora: Isabel Buñuel Rubio

Nueve puntos… y un rábano

Menos de una semana han tardado, desde la investidura de la “excelentísima” Carme Forcadell como Presidenta del Parlament, en presentar ante la Mesa del Congreso una propuesta de ley para iniciar cuanto antes el proceso hacia la República Catalana. Como era de esperar, la Mesa ha aceptado dicha propuesta e iniciará su tramitación. Son nueve puntos los que conforman el documento cuyo fin es alcanzar esa libertad tan reivindicada. Nueve puntos que, obviando mencionar las carencias de fundamento jurídico, no se sostienen siquiera por si mismas, y basta con que las leamos solo con un poco de calma:

[Texto original]

Texto original

En primer lugar, el Parlament constata que puede comenzar un proceso a la independencia en vista de las pasadas elecciones, basándose en una supuesta victoria de las fuerzas políticas independentistas. Basta con hacer un poco de memoria para recordar que Junts pel sí ganó en escaños (62), pero no en votos (39%), además de resaltar que la segunda fuerza más votada fue Ciudadanos (17%). Si a lo que se refiere es al apoyo que han recibido de la CUP (con unos resultados “espléndidos” de un 8.2% en votos y 10 escaños), entonces, bienvenidos a su democracia, dónde para ellos el fin justifica los medios, cuando no es así. Es una idea nefasta la de creer que por recibir soporte de un grupo parlamentario que a duras penas representa el pueblo (y que, por cierto, su única motivación política es alcanzar la independencia), creen tener el derecho de hablar en nombre de todos los catalanes.

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En segundo lugar, declara solemnemente el inicio del proceso de creación de un nuevo Estado Catalán independiente que tendrá forma de república. Es lógico, todo proceso independentista se inicia de este modo. Desde luego, Escocia y Kosovo, por mencionar un par de ejemplos, lo único que hicieron fue perder el tiempo entre tanto papeleo innecesario. ¿Para qué recibir el apoyo del Estado del que se fragmentan, o de la Unión Europea en el caso de Kosovo, si pueden declararlo ellos mismos?

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Tercero. Proclama la apertura de un proceso constituyente ciudadano, participativo, abierto, integrador y activo con tal de preparar las bases de la futura constitución catalana. ¡Ah! La Constitución catalana, se nos olvidaba. ¿Y quién la va a redactar? Creo recordar que la Constitución del 78 se hizo con la colaboración de siete miembros de diversos partidos que hicieron, sin duda, un trabajo impecable. Pero una Constitución cuyo objetivo es convertirse en la norma suprema de un Estado que ni siquiera quieren la mayoría de ciudadanos que lo integrarían, ¿están seguros de que será un proceso ciudadano y participativo? Me voy a abstener ante las cualidades de abierto e integrador, porque claro está que todo el procedimiento en sí carece de dichas cualidades, y si ahora no las respetan, ¿quién garantiza que vayan a ser respetadas en un futuro?

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Cuarto. Insta al futuro gobierno a que adopte las medidas necesarias para hacer efectivas las declaraciones. Recurramos un momento al Estatut, la norma primária de Catalunya, y que tanto se ha luchado por él. Su artículo segundo, apartado cuarto, que hace referencia a la Generalitat, luce lo siguiente: “Los poderes de la Generalitat emanan del pueblo de Cataluña y ejercen sus poderes de acuerdo con lo que se establece en este Estatuto y en la Constitución”. Que yo sepa, hasta ahora la Constitución no ha sido más que su enemigo. Pero, a pesar de ello, siempre he tratado de considerar éste tema sin tener que fundamentarme en leyes, ya que claro está que para ellos estas no son una justificación válida. Sin embargo, resulta irónico que los mismos que aprecian tanto el Estatut obren ahora en contra de él.

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Quinto. Considera pertinente iniciar en el término máximo de treinta días la tramitación de las leyes de proceso constituyente, de seguridad social y de hacienda pública. Treinta días. La cuestión es construir un nuevo Estado independiente y, sin duda, supuestamente mejor del que hemos formado parte hasta ahora. Y en treinta días quieren tramitar tres de las leyes más relevantes. No hay mucho que decir. Aquí, cada uno que lo considere a su manera.

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Sexto. Considera que como depositario de la soberanía y expresión del poder constituyente, no deberán tenerse en cuenta las decisiones de las instituciones del Estado español, y en concreto del Tribunal Constitucional, considerándolo deslegitimado a raíz de lo dispuesto en el Estatuto de Catalunya. Dejando a parte la deslegitimación deliberada de un órgano como es el Tribunal Constitucional, es sorprendente cómo ahora el Estatut resulta ser el motivo en el que se fundamentan para realizar dicha declaración. En el cuarto punto creía que ya no se le tendría en cuenta, que la Ley no es problema para ellos, si hay que saltársela, se salta. Pero no, en éste caso no. Es la Ley Orgánica 6/2006  la que otorga competencia a Catalunya para poder establecer una desconexión absoluta con cualquier decisión que el estado central pueda tomar.

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Séptimo. Adoptará las medidas necesarias para abrir el proceso de desconexión democrática, masiva, sostenida y pacífica con el Estado español. ¿A qué medidas se refieren? ¿Al referéndum ilegal convocado el 9 de noviembre de 2014? Puede que se refieran a la buena relación que ha habido hasta ahora entre Mas y Rajoy, o quizá a la tergiversación de la Diada Nacional de Catalunya en el día oficial al reclamo de la independencia. No, posiblemente sean los partidos de fútbol en los que se silva en el minuto 17.14,  o bien cuando suena el himno de España. La democracia y el pacifismo entre ambas partes no parece haberse establecido hasta ahora. Y no hace falta hablar en el ámbito nacional, sino que en Cataluña mismo tanto ciudadanos como partidos políticos de posturas opuestas frente a este tema no han sabido congeniar. Se ha cultivado una política en la que “o estás conmigo, o contra mi”.

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En penúltimo lugar, insta al futuro gobierno a cumplir exclusivamente las normas o mandatos de esta Cámara (el Parlament), con el fin de blindar los derechos fundamentales que puedan estar afectados por decisiones de las instituciones del Estado español. Justificarse con “el fin de blindar derechos fundamentales que podrían estar afectados por el Estado español” es realizar una acusación un tanto vertiginosa. Puede que no se les esté otorgando ese “derecho fundamental” de decidir, pero para entenderlo como un ataque del Estado central a los derechos fundamentales de los catalanes, como si se tratara de una represión a la ciudadanía catalana, hay que tener muy buenas razones, que, de existir, aún no se han manifestado.

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Y, finalmente, clausura la propuesta de resolución declarando la voluntad de inicio de negociaciones con tal de hacer efectivo el mandato democrático de creación de un estado catalán independiente en forma de República, poniéndolo en conocimiento del Estado español, la Unión Europea y el conjunto de la Comunidad internacional. Era lo único que les faltaba por incluir, una cláusula en la que se informara a la UE, la Comunidad Internacional y al Estado español su disposición a negociar, puesto que hasta ahora no lo habían intentado y, por consiguiente, desconocen las posturas de estos miembros [nótese la ironía].

No por no ser el autor se es menos culpable. Cierto es que en Cataluña se esta siguiendo un procedimiento al margen de la Ley, impulsado por buena parte de los miembros. Sin embargo, desde el gobierno Estatal, no se ha realizado ninguna acción, ni siquiera de acercamiento a la otra postura. No se puede tolerar que un territorio obre de un modo déspota, pero tampoco es concebible que desde el Palacio de la Moncloa lo único que se haga es reivindicar la Unidad española, cobijados tras el 155 de la Constitución y decir garantizarla a base de falsas amenazas sin moverse siquiera de sus aposentos.

Y mientras, ellos seguirán por su camino. Y en un camino en el que ni la Ley ni la Orden tienen importancia alguna, lo más probable es que al final gobierne el caos, o dicho de otro modo, que al final gobiernen los susodichos autores de una “obra maestra” como ésta.

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Los primeros pasos

“Cuando la lucha entre facciones es intensa, el político se interesa, no por todo el pueblo, sino por el sector a que él le pertenece. Los demás son, a su juicio, extranjeros, enemigos, incluso piratas.” Thomas Macaulay.

Escribir sobre que estas elecciones han sido distintas, y no sólo eso, sino que han marcado un antes y un después en muchas ciudades, algunas de las más influyentes de nuestro país, sería redundante. Los resultados de este sorprendente e incluso conmovedor 24 de Mayo, siguen y seguirán siendo noticia durante mucho tiempo, y puede que hasta las próximas elecciones. Desde Manuela Carmena en la capital, pasando por una Ada Colau en Barcelona, e incluso en un pequeño pueblo de Valladolid, Villán de Tordesillas, dónde la Falange ha cobrado protagonismo.

La cuestión es muy clara, aquellos que se manifestaron el 15-M por las calles de Madrid decidieron abandonar ese papel de indignados y formaron su propio partido político, porque por poder, pueden. El resto del pueblo por su parte, tomó dos posturas distintas; los que estaban hartos que la roja rosa y de la gaviota azul estuvieran siempre encabezando la política española, y los que apoyaron esa iniciativa popular de los de Podéis, tal y como Arcadi Espada acuñó el concepto.

De los primeros, una notable cantidad decidieron ausentar su voto ante la frustración de las opciones que se le planteaban. Sin embargo, los segundos activamente participaron en las elecciones pronunciándose a favor de esta nueva coalición en la que se sentían plenamente identificados, porque, al fin y al cabo, no hay nada que una más a las personas que el odio y desesperación a alguien o algo. Las elecciones fueron tan democráticas como debían serlo, sin embargo, fue este periodo postelectoral en el que, y ya desde un punto de vista más personal, la democracia se nos ha ido un poco por los poros. A grandes rasgos, gobierna el más votado, el que más gente ha escogido como candidato más “idóneo” por la razón que sea, al menos dentro de la población votante. Está establecida una mayoría reglamentaria para votar, como es lógico, que ya que se trata de la democracia de las mayorías, que al menos sea la absoluta.Politico-meeting_ECDIMA20150508_0008_19

El problema surge cuando en esa coalición de partidos no está presente, ya no el partido electo, sino ninguno de los miembros de éste. De modo que un conjunto de partidos de la “oposición”, junto con otros partidos que posiblemente días antes se hubieran “tirado piedras”, mediante la suma de votos se sitúan en el poder. No niego la importante presencia de pluralismo político incluso cuando el partido que ha ganado no tiene nada que ver, cierto es que la diferencia complementa los distintos puntos de vista, y más cuando el objetivo de sus trabajos es, o debería ser, por y para el pueblo.

Pero, simplificando conceptos, ¿no debería apoyarse ese partido que con mayoría ha sido escogido? Al margen de las derechas y de las izquierdas, de los de arriba o de los de abajo, esta “lucha” que durante el tiempo previo a las elecciones parecía estar centrada en quién quería gobernar al pueblo ha terminado por convertirse en una “pelea de gallos” por quién alcanzaba el poder. Puede que las rígidas palabras de Thomas Macaulay no se alejen tanto de la realidad, sólo que en vez de centrarse en el sector que les pertenece, se han centrado un poco en ellos mismos.

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Y después de esa reflexión, que, a quién pretendo engañar, puede que sea un tanto trágica, veremos qué ocurre con estas primeras decisiones que se han ido tomando que, con un poco de suerte, las cosas cambiarán, o, al menos, ya han empezado a hacerlo.

El último mono

Estamos en crisis, y ya es hora de moverse. No hablo de una crisis económica, sería absurdo,  ni tampoco de algo tan trascendental como la crisis de valores en referencia a lo más profundo de la ética. Somos una sociedad en crisis y como no empecemos a espabilar la recuperación va a llevarnos demasiado tiempo. Podría decir que somos una sociedad pesimista, desalentada y hundida. Pero no, lo que quiero decir es que nos hemos convertido en unos pusilánimes. Para que se me entienda, somos todos unos blandengues.

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Somos una sociedad que se ha terminado creyendo su propia mentira; hemos caído en la atractiva trampa del victimismo. Ahora todo el mundo es el afectado y nadie es el culpable. Nos pasamos el día acusando a terceros de lo que ocurre, pero no se nos pasa por la cabeza que quizá buena parte de la culpa sea nuestra. Invertimos la mayor parte de nuestro tiempo despotricando y perdiendo los nervios por todo lo que hacen “los de ahí arriba”, pero que yo sepa, y espero que todo el mundo esté de acuerdo, nuestro día a día no gira ni mucho menos alrededor de la política.

Nos pasamos el día quejándonos de que se han perdido los modales del día a día, pero luego somos incapaces de dejar pasar antes de entrar o de ceder el sitio en el metro a una persona mayor. Nos hemos olvidado de dar los buenos días a aquellas personas que nos cruzamos cada mañana y de dar las buenas noches cuando nos vamos a casa. Ahora todo lo que hacemos está bien a menos que lo haga otra persona. Hemos arrinconado el “disculpe, perdone, gracias”.

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Somos incapaces de pensar que quizá lo que hacemos pueda afectar a otras personas porque “es mi vida, y si a ti te fastidia a mi eso no me incumbe. El problema es tuyo”. Exigimos a nuestros representantes políticos que dejen de velar por sus intereses personales y empiecen a pensar en los intereses generales, pero cuando vamos a comer fuera no servimos el agua a la persona que tenemos enfrente y nos servimos a nosotros primero.

Nos encanta hablar de amistad pero luego descuidamos a nuestros más fieles amigos. Ya no nos interesa qué tal le va el trabajo, los estudios o con la novia. Ya no llamamos de vez en cuando para mantener una conversación con aquellas personas que cuando lo necesitas están ahí, sin embargo intercambiamos un par de Whatsapps y “sí, de vez en cuando hablo con él/ella”.

Nos gusta dar lecciones sobre la vida y lo que no sabemos es que aún no hemos aprendido a vivirla. Hablo de lecciones como las que damos a los que tenemos a nuestro alrededor cuando insistimos en “erguir la cabeza y mirar para adelante” pero el mínimo obstáculo que se interpone en nuestro camino logra encerrarnos en nosotros mismos. Y ahí es cuando expresamos nuestro máximo punto de debilidad, que te den la lección que tu un día diste. “Pero es que mi caso es distinto, lo mío es peor”. Yo, mi, me, conmigo. Y a los demás, que les zurzan.

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Nos hemos olvidado de plantearnos de vez en cuando que quizá, a veces, nosotros somos el problema. No se nos ha ocurrido que probablemente la culpa no sea del vecino, del perro, del gato, de la abuela o del bombero. Alguien un día dijo que si queremos cambiar el mundo “primero debemos cambiar tú y yo”.

Porque al final la comodidad del quejarse es como cuando un profesor hace una pregunta dirigida a alguien, y éste alguien mira al de atrás, y el de atrás al de detrás suyo, y así sucesivamente. Puede que haya llegado la hora de ser el último mono de la clase que asienta la cabeza sobre los hombros y decide mirar fijamente al reto que se le plantea. Ya tenemos a nuestros abuelos para recordarnos que la juventud ya no es lo que era y toca afrontar que posiblemente el problema es que somos víctimas de nosotros mismos, ¿y qué mejor reto que ganar nuestra propia batalla?

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